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FIN DE FIESTA BRAVA, ESTOQUE FINAL A UN NEGOCIO QUEBRADO

Víctor Lomelí

Cientos de voces en favor y en contra de las corridas de toros en la Ciudad de México ocultan una verdad: este negocio está casi quebrado. ¿A quién afecta y a quién beneficia el fin de esta añeja tradición?

MÉXICO, D.F. 11 mayo 2012.- La polémica sobre la prohibición de las corridas de toros en la Ciudad de México crece. Las voces en favor y en contra ocultan lo que pasa detrás de esta añeja tradición que da de comer al menos a 100,000 personas en la capital del país: es un negocio casi quebrado.

De aprobarse la “iniciativa antitoros”, el Distrito Federal se sumaría a una larga lista de municipios y provincias del mundo taurino que han prohibido las corridas. Hoy, sólo Colombia, Ecuador, España, Francia, México, Perú, Portugal y Venezuela permiten la celebración de la llamada “fiesta brava”.

México es el único país donde la tauromaquia no ha sido prohibida en ningún lugar de su territorio. Aún en España, con todo y la fama taurina que le precede, existen más de 82 lugares donde las corridas son ilegales. El caso más reciente es el de Cataluña, cuyo parlamento aprobó la abolición de las corridas en esa región del noreste español, a partir de 2012.

Los antitaurinos mexicanos confían en sus argumentos, mientras que los amantes de los toros piden a los diputados legislar con respeto a las libertades de empresa y trabajo, pero sobre todo, a sus tradiciones.

Productividad taurina

La asociación de profesionales ligados a la “fiesta brava” estima daños incuantificables por la eventual prohibición de las corridas de toros en la Ciudad de México, al estar ligados 25,000 empleos a esta actividad.

Si se toma la media de cuatro integrantes por familia, explica Carlos Camacho, vocero de ganaderos, toreros, banderilleros y empresarios taurinos, la restricción afectaría la economía de más de 100,000 personas en la capital.

Tan sólo en la Plaza México, punto neurálgico de la actividad taurina del país, se perderían alrededor de 2,000 empleos directos e indirectos generados en cada festejo.

El efecto resulta mucho mayor al considerar que una gran parte de los ganaderos del país se ubican en las zonas del bajío y centro, y son socios estratégicos de la Plaza México.

“Los ganaderos pueden ir a otras plazas importantes del país como Querétaro, Guadalajara o Aguascalientes, pero en la Ciudad de México se lidian cerca de 500 toros bravos al año. Eso tiene implicaciones para las ganaderías y las familias en el campo”, comenta Camacho.

De acuerdo con la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia (ANCTL), existen 270 ganaderías distribuidas en 24 entidades de la República que generan cerca de 14,000 empleos entre directos e indirectos. Los estados de México y Tlaxcala, con alrededor de 100 y 34 respectivamente, concentran la mayor parte de criadores de toros de lidia.

Marco Antonio Castilla, empresario de la plaza Silverio Pérez, de Texcoco, pide a los legisladores analizar a profundidad el impacto económico de abolir las corridas en la capital. “Independientemente que es una tradición, hay gente que vive de esto directamente como los ganaderos, los toreros, y los empleados de las plazas… Es de lo que vivo”.

Voces en favor y en contra

A favor. Los amantes de la tauromaquia rechazan que su afición esté impulsada por la crueldad, la violencia o la falta de piedad. Para ellos, en la corrida el toro no es abatido, si no que se honra su agresividad natural.

En contra. La especialista de la UNAM, Beatriz Vanda, afirma que la mejor manera de demostrar respeto hacia un animal es respetando su derecho a la vida y no llevarlo hacia una muerte cruenta. “Esta raza fue creada por los humanos con el fin de torturarlo para su propia diversión. Es perverso criar a alguien para matarlo de una forma que no me parece respetuosa”.

A favor. Los protaurinos sostienen que además del marcado instinto de defensa territorial, el toro de lidia (Bos taurus ibéricus) posee reacciones hormonales únicas ante el dolor que le permiten anestesiarlo casi en el momento en que se le produce.

En contra. El argumento es insostenible. La profesora en Patología Veterinaria y Bioética de la UNAM explica que las endorfinas liberadas, si bien atenúan el dolor por un momento, no lo anulan. “Puede tener momentos de atenuación, pero ya casi al final cuando el toro ‘renuncia’”.

A favor. Los afines a la tauromaquia argumentan que este dolor no provoca sufrimiento al animal y, por el contrario, lo estimula a seguir luchando.

En contra. Las endorfinas no anestesian al toro. Vanda Cantón insiste en que éstas provocan un efecto analgésico de poca duración que le permite al toro continuar en la lucha. “Las heridas son tantas y el sufrimiento tan prolongado que obviamente el toro lo siente… Él permanece en el combate porque tiene que salvar su vida”.

Corridas, pero sin muertes

El proyecto legislativo busca prohibir las corridas tal cual se conocen, pero se podrían establecer espectáculos taurinos “sin la crueldad que tienen” o convertir las plazas en centros de espectáculos donde se contrate a los empleados de forma permanente y con prestaciones de ley.

El legislador del PRD, José Luis Muñoz Soria, promotor de la iniciativa, considera que los empresarios tienen todo para impulsar espectáculos similares a los que existen en países como Portugal, España, Francia, Venezuela o Colombia, “donde no se asesina al toro”.

A decir de Gustavo Larios, presidente de la Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales (Amedea), eliminar “el cruento final” a las corridas no modifica en nada el “circo” de la tortura al animal. “Veo muy difícil que se le pudiera quitar toda la parte de las banderillas y la puya porque son las que le dan una posición ventajosa al torero”.

Esta propuesta del PRD no le gusta a muchos. Por ejemplo, los trabajadores de la Plaza México temen ser despedidos por la empresa que eventualmente administre La Monumental como un centro de espectáculos.

“Por qué no prohíben los clubes de tiro y pesca. También es un crimen matar a un pobre pato o un pez… Sólo es ego; para nosotros las corridas son un trabajo”, comenta Eduardo Rabelo, inspector de la puerta principal de la Plaza, que por 58 años le ha dado sustento.

Los empresarios, ganaderos y conocedores taurinos rechazan ambas alternativas. Afirman que prohibir o modificar las “corridas tradicionales” significaría condenar la raza de los toros de lidia a la extinción.

“Están creados para eso… Tienen su ciclo de vida. Si los toreas, ya no los puedes poner en otro lado. Son bravos y no los puedes regresar porque ya no funcionan”, dice Daniela Magdaleno, heredera de una tradición taurina.

Al respecto, Larios Velasco, del PRD, se pronuncia por crear una tauromaquia del siglo XXI, donde los ganaderos exhiban estos ejemplares al público taurino. Este “turismo de campo” contribuiría a generar una visión más ética y moderna de nuestra relación con los animales.

“Los pueden seguir reproduciendo para exhibiciones y detonar una especie de turismo ganadero o destinarlos a la producción de carne, ya que dicen que es una carne muy magra”, opina Beatriz Vanda, de la UNAM.

Negocio quebrado

México es uno de los mercados más grandes en el mundo taurino. Sus ejemplares de calidad han conferido a los ganaderos mexicanos gran prestigio entre los 8 países donde persisten las corridas. Pese a ello, lo cierto es que la crianza de esta raza parece un negocio cada vez menos rentable.

Durante sus primeros 4 años, tiempo en que el astado alcanza las características adecuadas para ser lidiado (cornamenta cuidada, presencia, bravura, entre otras), se le trata con el mayor de los cuidados en comparación con cualquier otra actividad ganadera.

Los toros de lidia viven 99.9% de sus vidas en mucho mejores condiciones que los animales criados y sacrificados para el consumo humano, dice Carlos Camacho.

De las 40,000 cabezas que hay en las más de 82,000 hectáreas dedicadas al pastoreo y otros cultivos del país, alrededor de 500 ejemplares llegan cada año al Distrito Federal, lugar donde se efectúan 52 de los 850 festejos nacionales. En la Plaza México –con 32 celebraciones—, el precio por astado oscila entre 20,000 y 50,000 pesos.

Organizar una corrida implica un desembolso de entre 450,000 y 500,000 pesos, dependiendo de la fecha, la plaza y del tamaño de sus participantes. “No es lo mismo un cartel con figuras del toreo mexicano o español, a uno con jóvenes”, explica Marco Antonio Castilla, de la plaza Silverio Pérez, de Texcoco.

“Es una actividad económica muy complicada porque la tasa de retorno viene hasta el cuarto o quinto año, y el sostenimiento de toda la ganadería no proviene únicamente de la venta de los toros. Además, no todos los que se crían llegan a ser lidiados”, reconoce Camacho, vocero de empleados y empresarios taurinos.

Por si fuera poco, sólo 6 u 8 veces por año la Plaza México registra un lleno, con un promedio de 45,000 espectadores.

Por eso, Gustavo Larios, presidente de la Amedea, critica la insistencia de mantener las corridas de toros cuando los mismos ganaderos lo consideran un negocio fallido.

“Los 3 o 4 llenos que se registran al año [en la Plaza México] son un indicio de que son un negocio quebrado. Las plazas normalmente están vacías… En realidad, están defendiendo un negocio que ya está quebrado”, asegura.

(El Financiero)

 

Publicado por Agustín en mayo 11 2012. Archivado bajo Nacionales. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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