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TOREAR… CAZAR… PA’L CASO ES EL MISMO ABUSO

Opinión de Marielena Hoyo Bastien

Dos temas harto polémicos y cada vez más cuestionados, dieron pauta estos últimos días para que propios y extraños se pronunciaran ampliamente, local e internacionalmente, y tanto en los medios de comunicación tradicionales como en las poderosas redes sociales para las que particularmente la torpeza de Juan Carlos de Borbón resultó una gran oportunidad para hacerlo trizas, vía la matanza de elefantes que se despachó en Botswana, África, viajecito que además, para más su mala surte reciente, se le “descubrió” porque el viernes por la madrugada tropezó buscando a oscuritas la bacinilla real, teniendo como consecuencia una caída que le provocó fractura de la cadera derecha, lo que le truncó su secreta estancia en un campamento de lujo… sabrán… sí… de esos donde a gente precisamente como el rey, eminente jalador social, pero ya torpe, más que por edad por las secuelas de su artrosis, les preparan muy bien su cacería enlatada, conociendo las costumbres, como fue el caso, de un viejo elefante al que le conocían los horarios para cada paseo, rutina que lo llevó a poder ser colocado justo frente a la mira del rifle del vetusto monarca, que con sólo apretar el gatillo, a escasos 100 metros, si acaso, dio cuenta de ese magnífico animal y vaya a saberse de cuántos individuos más de una de las más carismáticas y queridas especies a nivel mundial, y que ahora nos enteran, en defensa del juicio popular, que pese a estar señalados como especie amenazada de extinción por organismos especializados, los elefantes no lo están en poblaciones ¿sanas? como las de ese país del Continente Negro que asegura tener una tasa de crecimiento anual del 5%, sobre una población aproximada de 150 mil ejemplares, para lo cual no está capacitada la zona. De ahí que se permita la eliminación de los ejemplares mayores o con los incisivos -que no colmillos- más largos y pesados, según, siempre y sin excepciones, bajo reglas muy específicas e inviolables… ¿será?… previo pago de entre 40 y 45 mil US dólares, que es lo que cuesta la estancia de unos cuantos días en el Delta del Okavango, lugar catalogado como el más caro y el más grande para ejecutar a estos paquidermos calificados “de gran calidad por sus colmillos”, cantidad además a la que deben agregarse otros 5 mil billetes verdes para cubrir lo correspondiente a las licencias para matar. Ante la ofensa que lo anterior significa para sus gobernados, hoy un pueblo abatido económicamente, se ha defendido al monarca español afirmando que fue invitado, que él no pagó nada. Sin embargo, su amigo Antonio Sánchez, mejor conocido como “el cazador blanco”, informó que el coste de los permisos sí salió del bolsillo de su majestad, dinero por lo tanto proveniente del erario o si no… ¿de dónde?, monto que dizque se aplica para la protección y conservación de la vida silvestre, o sea, del negocito, así como también para el bienestar… sí, ¡cómo no!… de las empobrecidas comunidades humanas aledañas a los parques cinegéticos… lo que quieran, pero… discúlpenme los lectores, lectoras… ¡qué chingadera! Para colmo, el evento permitió saber que para mayor gloria, JC es presidente honorario de la representación española del World Wildlife Found (WWF), entidad eminentemente CON-SER-VA-CIO-NIS-TA, que desde hace un par de días está siendo bombardeada con miles de solicitudes provenientes de todas partes del Planeta exigiendo la destitución del soberano de ese cargo, como si los responsables de su nombramiento no hubieran estado al tanto de las aficiones del rey, todavía recordado en una imagen que hace poco tiempo dio la vuelta al mundo, luciendo a sus pies varios osos abatidos, pero… realeza mató principios, como tal vez eliminación de elefante tire corona o por lo menos prestigio. Se reciben apuestas, pues…

 

Se trata de dos actividades –la tauromaquia y la cacería, especialmente por placer- que aunque descritas por quienes gustan de ellas como asuntos de tradición, alcurnia, de apoyo a la naturaleza y hasta de “derecho cultural”, desatan apasionadas discusiones en contra, al tratarse de un mero entretenimiento que la actual civilización no entendemos ni aceptamos, partiendo de que obliga para lo correspondiente, el sufrimiento y la ejecución de seres incapaces ante la ley, que no cosas, porque demostrado está, SIENTEN física y emocionalmente. Para el caso de la prohibición de las “corridas”, los liberales argumentan que aunque no gustan del ¿espectáculo? por la sangre y violencia que implica, la posibilidad de elegir libremente está por sobre todo, y les pregunto yo… ¿aún cuando se haga daño, con alevosía y ventaja, a un tercero que debe pagar con su vida, previo dolor y agonía, la necesidad de diversión de unos cuantos seres supuestamente racionales?… Porque este es el punto clave por el que una amplia mayoría reclamamos la anulación de tan cruel práctica, que no se justifica de ninguna manera por el supuesto buen trato que previamente recibe el toro de lidia o porque muera menos peor que en un rastro, asunto que no dudo esté siendo aprovechado para que algunos diputados lleven agua a su molino, pero que con todo, es una lucha de la sociedad civil que lamentablemente no puede materializarse sin el respaldo de los legisladores, y que aunque por ello o más bien por ello tenga visualización política, es producto de muchos años de una lucha constante para erradicar esa salvajada del país, sí, pero de eso a que…

 

Como cita Armando Fuentes Aguirre, alias Catón, las “corridas de toros” deban prevalecer conforme al mandato bíblico por el que se permite que el animal sirva al hombre, y no el hombre al animal, hay un amplio trecho.

 

Al respecto, y suponiéndole la referencia a quien un día me jaló para él, dado su maravilloso trato escrito al perro Terry, ésta es hacia los animales que se pueden comer y los que no (Levítico), pero la Biblia (y mucho menos ninguna situación evolutiva) nunca cita que podemos aprovecharnos de ellos para nuestra diversión. Señoread, en efecto, es tener dominio, pero no a cuenta de la vida y sufrimiento de otras criaturas, puesto que a través del Salmo 50 Dios señala que suya es toda bestia del bosque y los millares de animales de los collados; que conoce a todas las aves, y que todo lo que se mueve en los campos le pertenece. Por lo tanto, si a esas vamos, los humanos no somos dueños de la naturaleza, sólo sus administradores, que habremos de dar cuenta por ello…

producciones_serengueti@yahoo.com

(La Crónica)

 

Publicado por Agustín en abril 19 2012. Archivado bajo Observatorio Ambiental. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por el RSS 2.0. Los comentarios y pings están cerrados por el momento.

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